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Es la Primavera de 1973 en Nueva Dvaraka, Srila Prabhupada hizo sonar su campanilla. Fui de inmediato a su habitación y ofrecí reverencias. Al levantarme, sus ojos se agrandaron. Mirándome con mucho interés, señaló el piso cerca de mis piernas y dijo, "¿Ves ese bicho?" Mirando alrededor por unos momentos, finalmente detecté al pequeño insecto. Asentí en señal de acuerdo, no teniendo idea de lo que seguiría.
Con una voz muy seria, Su Divina Gracia dijo, "He estado mirando ese insecto por algún tiempo y no se ha movido. Pienso que tiene hambre. Consigue una flor de prasadam y llévalo afuera. Colócalo en una planta para que pueda nutrirse un poco". Hice de inmediato lo que mi muy misericordioso Guru Maharaja pidió y regresé a las instalaciones del sirviente.
Ninguno de nosotros volvió a referirse al insecto. Fue meramente otra maravillosa ocasión en la cual él me mostró cuán indiscriminadamente misericordioso es un devoto puro. Su Divina Gracia no opinaba que fuera una pérdida de tiempo el mitigar trascendentalmente el sufrimiento de incluso la más pequeña de las entidades vivientes. Ahora, tan solo al contemplar el más pequeño de los insectos, me obligo a pensar en mi amado Srila Prabhupada. Por muy insignificante que pueda ser, si somos afortunados para obtener la mirada del nitya-siddha, nuestra vida se verá inmensamente beneficiada. |
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