Varias veces he pensado en hacer un pequeño relato de mi vida en lo que respecta a mi búsqueda espiritual y la pequeña lucha que he llevado en ella.
Al centrar mi relato en mi inquietud espiritual puedo parecer como una persona especial, no quiero que esto se mal interprete, centro mi relato en el tema de la espiritualidad pues considero de poco interés los demás aspectos de mi vida que fueron iguales a los de cualquier otro mortal. No pretendo hacer una confesión. Sólo trato de comunicar la experiencia de mi vida en lo que respecta a la búsqueda espiritual, tal vez sirva en algo para
otros. Siempre se puede aprender algo de los demás, en este principio baso este trabajo.
Cuando surgió por primera vez la idea la rechacé pensando que era producto de mi ego. Sin duda algo de ego debe haber todavía, pero varias veces vuelve esta idea a mi mente y creo que puede ser de alguna utilidad a los vaisnavas conocer un poco más de la lucha interna que uno a veces lleva y de los acontecimientos que vivimos, ya que todo esto nos es enviado por Krsna para nuestro perfeccionamiento.

Así, con la bendición de los vaisnavas y en el servicio a ellos quiero dar comienzo a esta especie de autobiografía y de diario. No creo que vaya a ser muy detallado ni cronológico ni ordenado, pues no es mucho lo que mi memoria me ayuda. Mejor así, para que no sea demasiado extenso.

Niñez y Juventud

No fue mi fortuna nacer en una familia vaisnava y de esto debería avergonzarme, quién sabe qué hice en mi vida pasada. En todo caso fui un hijo muy deseado y esperado, pues les tomó a mis padres diez años el tenerme. Dos años después nació mi hermano.

Siento un gran agradecimiento por mis padres porque me dieron lo que consideraban era lo mejor para mí. Desde luego no eran personas muy filosóficas ni profundas y se contentaban con seguir una religión tradicional. Me educaron en la religión católica la cual en mi adolescencia traté de seguir. Muchas veces oré y tuve respuesta y eso alimentó mi fe.

Con ellos tuve oportunidad de conocer varios lugares que materialmente son considerados muy disfrutables. Por ejemplo en México íbamos en las vacaciones a Acapulco. Ellos hacían todo lo posible por hacernos sentir felices. Una vez mi madre me preguntó: ¿te sientes feliz? Sí- le dije yo, con un dejo de más o menos. "Pues sí- me dijo ella- en este mundo nunca se
puede ser del todo feliz."

Cuando era aun más niño mi padre me llamó a su lado. Él estaba sentado en esas sillas mecedoras y tomándome de la mano me dijo: "Con cada paso que damos nos acercamos más a la muerte..." Yo era muy niño y mientras me decía eso, me preguntaba: "¿Porqué me dirá esto? Esto es muy especial." Sentí cierta satisfacción al escuchar a mi padre decirme algo así. Sentí que me hablaba desde lo más hondo de su ser, que me hablaba de hombre a hombre. Que me decía algo importante. Desde luego también sentía algo de miedo. Mi madre
escuchó esta conversación e irrumpió retando a mi papá: ¡Oiga Aurelio! ¡¿Cómo se le ocurre decirle esas cosas al niño?!  Yo lamenté la interrupción.
Esa fue una de las pocas veces que mi padre me habló. Tal vez por tanta diferencia de edad. Cuando yo nací él tenía cuarenta y cinco años. Ahora que soy padre veo que es difícil comunicarse con los hijos. Siempre está como esa brecha a la que llaman: generacional. Es difícil la comunicación. Pero creo que después voy a tratar más este tema.

Continuará...